viernes, 2 de agosto de 2013

Relato de una muerte 2.

Ya había agotado todas mis oportunidades, las cosas no podían mejorar, pero sí empeorar. Primero me quitaron mi trabajo, luego a mi hija y poco después le siguieron el coche, la luz y el agua. A por este mohoso apartamento vendrían mañana, así que solo me quedaban unas cuantas botellas de alcohol barato vacías, colillas consumidas hace ya días y el viejo y oxidado seis tiros de mi padre. Joder, es más una pieza de exposición que un arma.
En fin, el tiempo parece que pasa más lento cuando sabes que todo va acabar pronto, siento como el frío sudor me baja por la frente poco a poco, no estoy nervioso, pasé días intentando convencerme a mí mismo de manera inútil que no merecía la pena acabar con todo de esta manera.
Le doy un le doy el último sorbo a mi última cerveza, para qué me voy a engañar, sabe a meados. Tiro la botella vacía contra la pared, ésta no se rompe, tampoco es que me importe.
Me acomodo en el raído sillón, saco una bala del calibre 44, la introduzco en el tambor del revólver, apunto a mi propia cabeza, aprieto el percutor y acto seguido el gatillo...
La bala llega a mi cerebro antes que el sonido que ésta produce, por lo que me despido del mundo de una forma silenciosa, aunque únicamente para mí ¿pero desde cuándo me ha importado el resto del mundo? da igual, ya no tengo ni dudas, ni miedos, ni sueños ni esperanza alguna, porque ya no soy nada.

3 comentarios:

  1. Joder, me has puesto la piel de gallina. Para mi gusto, lo mejor que te he leído hasta el momento. Quizá por su temática, que sabes que me atrae más un texto cuanto más oscuro sea.

    Me encanta, chapó caballero.

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    1. Muchas gracias, me alegra saber que te ha gusta. Creo que me estoy desoxidando.

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  2. Lo leí en Ask y no dije nada. Ahora vengo a decirte que es lo mejor que has escrito y con diferencia, con bastante diferencia. No sé que camino seguirás pero puede que no pinte mal.

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