miércoles, 26 de junio de 2013

Relato de una muerte 1.


Y de repente, todo se detuvo, el joven soldado pudo ver como las explosiones provocadas por la artillería se congelaban dando lugar a grotescas y abominables nubes en forma de hongo compuestas por barro, escombros y restos humanos, pudo ver las muecas de horror grabadas en las caras de sus compañeros al recibir un impacto de bala, pudo ver en la trinchera que tenía delante de él, los rostros de los enemigos contra los que luchaba, el joven soldado no recordaba ni quiénes eran, ni de dónde venían, ni en nombre de quién luchaban, pero no le importaba nada, ya no, porque él tampoco recordaba ya por quién y por qué luchaba y eso le importaba aún menos. Poco a poco volvió a transcurrir el tiempo, pero muchísimo más despacio, el joven soldado sintió como el frío sudor se deslizaba lentamente sobre su frente, vio como los hongos se deshacían, lanzando metralla contra las caras de sus compañeros heridos dejándolos horriblemente desfigurados de por vida, eso si tenían la desgracia de continuar vivos, el joven soldado perdió la fuerza en los brazos por lo que dejó caer su arma, acto seguido le continuaron sus piernas, por lo que acabó arrodillado en el mugriento suelo, con una enorme dificultad se llevó las manos al tórax y éstas al instante se tiñeron de sangre, el soldado cayó por completo, yaciendo con la cara sumergida en una mezcla de barro, sangre y lágrimas, no sentía dolor por sus heridas, no sentía pena por no volver nunca más a sus seres queridos, lo único que sentía era vergüenza, vergüenza por haberse dejado convencer para luchar y morir por un interés y una causa que no entendía, sentía vergüenza por haberse dejado llenar la cabeza de estúpida y manipuladora publicidad fabricada para odiar a una gente que ni conocía ni le había hecho nada, y eso fue lo último que sintió, vergüenza, cuando su cuerpo, sucio, roto, tirado y olvidado en el barro de la tierra de nadie, se apagó por completo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario