La muerte y la desgracia son el alimento del arte.
Conjunto de palabras, cosecha de la observación del mundo que hay a mi alrededor y mi forma de interpretarlo.
lunes, 2 de diciembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
Relato de una muerte 3.
Quedé con ella a la salida de su colegio y allí le confesé, con los ojos bañados en lágrimas, lo que sentía por ella. Ella me dijo que sentía lo mismo y así comenzó lo que para mí sería el principio del fin.
Mentiría si negara que los días que continuaron a aquel fueron los más felices de mi vida.
Pero ahí acabó todo.
Sus padres se enteraron de nuestra relación y lo que es peor aún, de la diferencia de edad. Inmediatamente ellos avisaron a la policía. Ella intentó contar la verdad, pero no la creyeron. Pasé una semana retenido antes de ir a juicio. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de salir bien de esta, tanto mi familia como mis amigos me habían repudiado por algo que no había hecho.
Culpable.
Me esperaban años en prisión, sabía que no podría aguantarlo y aunque lo hiciera aquello me arruinaría para siempre. Pero no podía discutir, todo ya estaba decidido. Yo estaba perdido.
Pedí permiso para ir al baño. Ese fue el último capricho que me concedieron.
Y allí estaba, temblando sudoroso y asustado frente al espejo de aquel baño, viviendo lo que serían mis últimos minutos sin vigilancia.
Me fijé en una tubería del techo y me di cuenta de que ya iba a perder la vida de una forma u otra ¿qué más daba acelerar los acontecimientos un puñado de años?
Nervioso me quité el cinturón me puse de pie sobre un retrete y até un extremo a la tubería y el otro a mi cuello. Y pensé "aún soy joven y me quedan muchos años" volví a pensar "una juventud que pasarás encerrado y cuando salgas, no te quedará nada, ni unos padres a los que abrazar ni unos amigos con los que hablar, ya no te queda nada" ya basta de pensar.
Y quité los pies del inodoro, para dejarlos suspendidos en el aire, ese mismo aire que salía de mis pulmones para nunca más volver.
Mentiría si negara que los días que continuaron a aquel fueron los más felices de mi vida.
Pero ahí acabó todo.
Sus padres se enteraron de nuestra relación y lo que es peor aún, de la diferencia de edad. Inmediatamente ellos avisaron a la policía. Ella intentó contar la verdad, pero no la creyeron. Pasé una semana retenido antes de ir a juicio. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de salir bien de esta, tanto mi familia como mis amigos me habían repudiado por algo que no había hecho.
Culpable.
Me esperaban años en prisión, sabía que no podría aguantarlo y aunque lo hiciera aquello me arruinaría para siempre. Pero no podía discutir, todo ya estaba decidido. Yo estaba perdido.
Pedí permiso para ir al baño. Ese fue el último capricho que me concedieron.
Y allí estaba, temblando sudoroso y asustado frente al espejo de aquel baño, viviendo lo que serían mis últimos minutos sin vigilancia.
Me fijé en una tubería del techo y me di cuenta de que ya iba a perder la vida de una forma u otra ¿qué más daba acelerar los acontecimientos un puñado de años?
Nervioso me quité el cinturón me puse de pie sobre un retrete y até un extremo a la tubería y el otro a mi cuello. Y pensé "aún soy joven y me quedan muchos años" volví a pensar "una juventud que pasarás encerrado y cuando salgas, no te quedará nada, ni unos padres a los que abrazar ni unos amigos con los que hablar, ya no te queda nada" ya basta de pensar.
Y quité los pies del inodoro, para dejarlos suspendidos en el aire, ese mismo aire que salía de mis pulmones para nunca más volver.
viernes, 2 de agosto de 2013
Relato de una muerte 2.
Ya había agotado todas mis oportunidades, las cosas no podían mejorar, pero sí empeorar. Primero me quitaron mi trabajo, luego a mi hija y poco después le siguieron el coche, la luz y el agua. A por este mohoso apartamento vendrían mañana, así que solo me quedaban unas cuantas botellas de alcohol barato vacías, colillas consumidas hace ya días y el viejo y oxidado seis tiros de mi padre. Joder, es más una pieza de exposición que un arma.
En fin, el tiempo parece que pasa más lento cuando sabes que todo va acabar pronto, siento como el frío sudor me baja por la frente poco a poco, no estoy nervioso, pasé días intentando convencerme a mí mismo de manera inútil que no merecía la pena acabar con todo de esta manera.
Le doy un le doy el último sorbo a mi última cerveza, para qué me voy a engañar, sabe a meados. Tiro la botella vacía contra la pared, ésta no se rompe, tampoco es que me importe.
Me acomodo en el raído sillón, saco una bala del calibre 44, la introduzco en el tambor del revólver, apunto a mi propia cabeza, aprieto el percutor y acto seguido el gatillo...
La bala llega a mi cerebro antes que el sonido que ésta produce, por lo que me despido del mundo de una forma silenciosa, aunque únicamente para mí ¿pero desde cuándo me ha importado el resto del mundo? da igual, ya no tengo ni dudas, ni miedos, ni sueños ni esperanza alguna, porque ya no soy nada.
En fin, el tiempo parece que pasa más lento cuando sabes que todo va acabar pronto, siento como el frío sudor me baja por la frente poco a poco, no estoy nervioso, pasé días intentando convencerme a mí mismo de manera inútil que no merecía la pena acabar con todo de esta manera.
Le doy un le doy el último sorbo a mi última cerveza, para qué me voy a engañar, sabe a meados. Tiro la botella vacía contra la pared, ésta no se rompe, tampoco es que me importe.
Me acomodo en el raído sillón, saco una bala del calibre 44, la introduzco en el tambor del revólver, apunto a mi propia cabeza, aprieto el percutor y acto seguido el gatillo...
La bala llega a mi cerebro antes que el sonido que ésta produce, por lo que me despido del mundo de una forma silenciosa, aunque únicamente para mí ¿pero desde cuándo me ha importado el resto del mundo? da igual, ya no tengo ni dudas, ni miedos, ni sueños ni esperanza alguna, porque ya no soy nada.
miércoles, 26 de junio de 2013
Relato de una muerte 1.
Y de repente, todo se detuvo, el joven
soldado pudo ver como las explosiones provocadas por la artillería
se congelaban dando lugar a grotescas y abominables nubes en forma de
hongo compuestas por barro, escombros y restos humanos, pudo ver las
muecas de horror grabadas en las caras de sus compañeros al recibir
un impacto de bala, pudo ver en la trinchera que tenía delante de
él, los rostros de los enemigos contra los que luchaba, el joven
soldado no recordaba ni quiénes eran, ni de dónde venían, ni en
nombre de quién luchaban, pero no le importaba nada, ya no, porque
él tampoco recordaba ya por quién y por qué luchaba y eso le
importaba aún menos. Poco a poco volvió a transcurrir el tiempo,
pero muchísimo más despacio, el joven soldado sintió como el frío
sudor se deslizaba lentamente sobre su frente, vio como los hongos se
deshacían, lanzando metralla contra las caras de sus compañeros
heridos dejándolos horriblemente desfigurados de por vida, eso si
tenían la desgracia de continuar vivos, el joven soldado perdió la
fuerza en los brazos por lo que dejó caer su arma, acto seguido le
continuaron sus piernas, por lo que acabó arrodillado en el
mugriento suelo, con una enorme dificultad se llevó las manos al
tórax y éstas al instante se tiñeron de sangre, el soldado cayó
por completo, yaciendo con la cara sumergida en una mezcla de barro,
sangre y lágrimas, no sentía dolor por sus heridas, no sentía pena
por no volver nunca más a sus seres queridos, lo único que sentía
era vergüenza, vergüenza por haberse dejado convencer para luchar y
morir por un interés y una causa que no entendía, sentía vergüenza
por haberse dejado llenar la cabeza de estúpida y manipuladora
publicidad fabricada para odiar a una gente que ni conocía ni le
había hecho nada, y eso fue lo último que sintió, vergüenza,
cuando su cuerpo, sucio, roto, tirado y olvidado en el barro de la
tierra de nadie, se apagó por completo.
miércoles, 19 de junio de 2013
Ahora.
¿Por qué no me siento cómodo en la sociedad actual?
La pregunta correcta es ¿Por qué debería sentirme cómodo dentro de la sociedad actual?
Estoy hablando de la misma sociedad que parece que ha dejado la cultura reservada a una pequeña minoría cuando en realidad la cultura y las artes en todas sus formas están hechas para disfrute de todos.
Pero claro, estoy hablando de la misma sociedad contemporánea que califica como lectura de culto a un sucedáneo de novela erótica para camioneros, como es Cincuenta Sombras de Grey, estoy hablando de la misma sociedad en la que las películas más taquilleras son estupideces en forma de vídeo dirigidas a adolescentes sin objetivo alguno en la vida, como lo es Project X, y veo como grandes películas son condenadas a aparecer en pequeños festivales de cine independiente por el simple hecho de que no hayan sido creadas con un objetivo puramente comercial, estoy hablando de las misma sociedad que ahora no hace música para estimular la mente y la imaginación, sino para vaciar la cabeza y el bolsillo.
Y entonces me vuelvo a preguntar.
¿Por qué debería sentirme cómodo en una sociedad así?
lunes, 17 de junio de 2013
Camino, observo, pienso.
Voy andando solo con la calle, escuchando música, la misma música que me ayuda a ignorar y a darme cuenta de lo que sucede a mi alrededor. Veo a gente que cambia más de personalidad que David Bowie de vestuario y me pregunto qué serán mañana, veo a grupos de amigas que hablan más con sus teléfonos que entre ellas, y me pregunto para qué habrán salido de casa, veo a mendigo pidiendo limosnas que nunca recibirán y me pregunto qué es lo que les da la esperanza de creer que recibirán algo, veo artistas callejeros fracasados y me pregunto en qué fallaron para acabar así, veo a supuestos comunistas que no saben quien fue Trotsky y a supuestos neonazis que no saben quien fue Goebbels y me pregunto quién les indujo a acabar defendiendo unas ideas que ni conocen ni comprenden, veo a gente llorando y me pregunto cuál será la causa de sus lágrimas aunque tampoco me importe y más de lo mismo con la gente que ríe a carcajadas, veo a canis y otras especies contraproducentes de nuestra sociedad y me pregunto si alguien siguen teniendo esperanza de que sean alguien de provecho algún día, pero todas estas preguntas se pueden resumir en dos:
¿De dónde vienen? y ¿A dónde van?
Yo pienso que la juventud ya no va a ninguna parte, cada vez hay más grupo, pero al mismo tiempo menos personas, menos individuos, menos pensamientos propios. Pasan de ser hombres a ser ovejas guiadas por un pastor al que ni conocen ni comprenden y mucho menos sin saber a donde les lleva.
¿De dónde vienen? y ¿A dónde van?
Yo pienso que la juventud ya no va a ninguna parte, cada vez hay más grupo, pero al mismo tiempo menos personas, menos individuos, menos pensamientos propios. Pasan de ser hombres a ser ovejas guiadas por un pastor al que ni conocen ni comprenden y mucho menos sin saber a donde les lleva.
¿Quién soy?
No soy de ninguna parte, no soy nadie, no soy nada, solo unos pensamientos, unas ideas que vagan por la inmensidad de la existencia, he sido luz y oscuridad, he sido polvo y roca, agua y fuego, he sido bestia y humano y muchas veces ambas cosas, he sido hombre y mujer, joven adulto y anciano, he sido rey y mendigo, caballero y pícaro, noble y plebeyo, he sido sueños y fracasos, he sido artista y fracasado, he sido oficial y soldado, luchador y desertor, mártir y olvidado, he sido divinidad y sacerdote, clérigo y hereje, he sido caudillo, déspota, dictador y revolucionario, he sido cura y enfermedad, he sido actor y espectador, he visto cosas con miles de ojos distintos, como se han forjado y han caído grandes imperios, terribles guerras e injustos tratados de paz, he visto como han pasado siglos sin que nada de esto cambiara y yo no he cambiado, sigo siendo unas ideas, unos pensamientos, que se forjaron, se forjan se forjarán con experiencia, pero al fin de al cabo seguirán siendo eso, ideas y pensamientos atrapados en un cuerpo. Hay universos infinitos atrapados dentro de pequeños cráneos.
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